{"id":4189,"date":"2025-12-28T10:30:17","date_gmt":"2025-12-28T10:30:17","guid":{"rendered":"https:\/\/redcompafeminista.org\/?p=4189"},"modified":"2026-01-29T16:42:50","modified_gmt":"2026-01-29T16:42:50","slug":"la-ternura-que-se-animo-a-desobedecer","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redcompafeminista.org\/pt\/la-ternura-que-se-animo-a-desobedecer\/","title":{"rendered":"La ternura que se anim\u00f3 a desobedecer"},"content":{"rendered":"<h2 class=\"wp-block-heading\">Abortos en territorios de disciplinamientos<\/h2>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p><em>Si la culpa fue pedagog\u00eda, la ternura ser\u00e1 revoluci\u00f3n.<\/em><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>Hay escenas que no se olvidan. No porque sean excepcionales, sino porque se repiten en silencio: una adolescente que no se anima a decir que quiere interrumpir un embarazo. Sabe lo que puede pasar si lo confiesa: miradas que pesan, preguntas que duelen, palabras que hieren. As\u00ed opera el castigo que nos ense\u00f1aron, incluso antes de que alguien lo nombre o pregunte \u201c\u00bfpor qu\u00e9 no te cuidaste?\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese temor no es casual: es parte de una ense\u00f1anza cultural que comienza en la infancia. Una educaci\u00f3n t\u00e1cita sobre qu\u00e9 cuerpos merecen cuidado y cu\u00e1les merecen culpa; sobre qui\u00e9n puede decidir sin pedir permiso y qui\u00e9n debe aceptar la obediencia como destino. No existe manual, pero existe m\u00e9todo. Se aprende en el cuerpo, en los silencios, en las advertencias, en los sermones, en los rumores, en los chistes, en las puertas cerradas. Ah\u00ed nace lo que entendemos como <strong>punitivismo<\/strong>: un sistema social que sostiene que salirse del mandato tiene consecuencias, incluso cuando nadie lo diga en voz alta. No sanciona solamente lo que se hace, sino lo que se desea, lo que se piensa y lo que se siente.<\/p>\n\n\n\n<p>El punitivismo no es s\u00f3lo la creencia en que toda falta requiere sanci\u00f3n, sino un orden social que organiza la vida desde la amenaza del castigo. No opera \u00fanicamente a trav\u00e9s de leyes o sentencias, se despliega en normas&nbsp;que moldean conductas y restringen deseos. Funciona como pedagog\u00eda emocional: primero produce temor, luego obediencia, finalmente resignaci\u00f3n. Su triunfo no s\u00f3lo&nbsp;se mide en castigos aplicados, sino en deseos autocensurados. Por eso es eficaz aun cuando no se pronuncia ni se ejecuta formalmente.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que parece una escena aislada es, en realidad, una lecci\u00f3n socialmente repetida. Para entender c\u00f3mo opera, basta mirar una historia posible: la de Valentina.<\/p>\n\n\n\n<p>Valentina tiene 16 a\u00f1os y hace un a\u00f1o est\u00e1 de novia con Juan, su primer amor, la primera experiencia donde el cuerpo comenz\u00f3 a explorar lo propio y lo desconocido. Nunca recibi\u00f3 Educaci\u00f3n Sexual Integral en la escuela y en su familia, fuertemente religiosa, aprendi\u00f3 que la intimidad s\u00f3lo es leg\u00edtima dentro del matrimonio y que ser madre es parte del destino, no una elecci\u00f3n. Su mam\u00e1 trabaja en el hogar y su pap\u00e1 consigue empleos temporales. En su casa, la vida diaria no deja espacio para preguntas que puedan incomodar.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora est\u00e1 frente a una situaci\u00f3n que no esperaba y que no sabe c\u00f3mo nombrar. Atraviesa un embarazo no buscado, en un contexto donde la informaci\u00f3n, el deseo y la palabra no son derechos garantizados. La pregunta que le da vueltas no es m\u00e9dica, es emocional:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p><strong>\u201c\u00bfCon qui\u00e9n puedo hablar sin sentirme una carga, una decepci\u00f3n o un motivo de verg\u00fcenza?\u201d.<\/strong><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>En su vida est\u00e1 Ana, compa\u00f1era de escuela y usuaria de silla de ruedas, con quien comparte charlas que a veces abren ventanas nuevas. Ana le cuenta que le gustan algunas chicas, y aunque a Valentina eso le despierta ternura y curiosidad, tambi\u00e9n le aparece el miedo&nbsp;sobre lo diferente. No porque lo considere malo, sino porque fue educada para creer que decir lo que desea en voz alta puede traer consecuencias. Sin embargo, Ana habita su propio deseo con honestidad, aun sabiendo que la escuela no suele ser un lugar amable con quienes no encajan en la norma. Nadie le ense\u00f1\u00f3 c\u00f3mo hacerlo, pero lo hace.<\/p>\n\n\n\n<p>Valentina siente muchas contradicciones.&nbsp;Si decide continuar con el embarazo, su adolescencia quedar\u00eda en suspenso o tal vez se perder\u00eda; si decide abortar, aparece el miedo a perder v\u00ednculos, pertenencia o afecto. Ninguna vida deber\u00eda construirse sobre el miedo, pero los mandatos no siempre gritan: a veces se disfrazan de destino y se cuelan en la imaginaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando aparece la posibilidad de abortar, la discusi\u00f3n no solo es sobre el cuerpo, sino tambi\u00e9n sobre la moral, el miedo y el permiso social. Valentina no teme a lo que pueda suceder f\u00edsicamente, sino a lo que puedan decir quienes la rodean.<\/p>\n\n\n\n<p>El punitivismo se institucionaliza cuando se vuelve modo de operar de escuelas que silencian, iglesias que moralizan, servicios de salud que eval\u00faan, tribunales que sospechan y medios que estigmatizan. No es una suma de actores aislados, sino una trama cultural donde cada instituci\u00f3n refuerza la idea de que el deseo debe justificarse y la decisi\u00f3n explicarse. La maquinaria funciona cuando quien pregunta se siente culpable por hacerlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto tambi\u00e9n aparece retratado en <em>Bel\u00e9n<\/em>, una pel\u00edcula argentina del 2025 dirigida por Dolores Fonzi que narra, desde la ficci\u00f3n basada en un caso real, c\u00f3mo una joven de la conservadora provincia de Tucum\u00e1n llega a un hospital por un fuerte dolor abdominal por un aborto espont\u00e1neo en curso y se convierte en se\u00f1alada. Su cuerpo pasa a ser analizado no s\u00f3lo desde lo cl\u00ednico sino desde lo moral. La pel\u00edcula expone algo que trasciende a una persona: muestra c\u00f3mo ciertas instituciones pueden transformarse en lugares de control y vigilancia, sobre todo cuando se trata de personas j\u00f3venes, pobres, feminizadas o fuera de la norma social.<\/p>\n\n\n\n<p>En este escenario, no alcanza con revisar solo lo legal para hablar de punitivismo, necesitamos interrogar la trama que produce el temor a decidir. La antrop\u00f3loga feminista Rita Segato describe este fen\u00f3meno como <em>pedagog\u00eda de la crueldad<\/em>: una forma de ense\u00f1anza social donde el disciplinamiento no siempre aparece en forma de sanci\u00f3n expl\u00edcita, sino como advertencia que moldea deseos, expectativas y horizontes posibles. En otras palabras, se aprende a no imaginar, a no nombrar y a no elegir, mucho antes de enfrentar una decisi\u00f3n concreta.<\/p>\n\n\n\n<p>El mundo social ayuda a fijar ese temor mediante frases cotidianas que parecen inofensivas, pero que funcionan como recordatorios del mandato:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p><strong>\u201c\u00bfYa pensaste en tener hijos?\u201d, \u201cPara cu\u00e1ndo la familia\u201d, \u201cLa verdadera felicidad est\u00e1 en ser madre\u00bb.<\/strong><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>Se pronuncian como conversaci\u00f3n, pero operan como borradores de alternativas. En esa l\u00f3gica, quienes se apartan del gui\u00f3n son le\u00eddes como rebeldes. Y la rebeld\u00eda, se castiga.<\/p>\n\n\n\n<p>Valentina teme porque su mam\u00e1 le asegur\u00f3 que quienes interrumpen un embarazo \u201cvan al infierno\u201d; porque su pap\u00e1 dice que \u201ces peligroso\u201d; porque cuando ve marchas con pa\u00f1uelos verdes escucha que \u201cson locas\u201d. En ese clima, el aborto no es s\u00f3lo regulado en t\u00e9rminos jur\u00eddicos: lo es tambi\u00e9n en t\u00e9rminos afectivos y morales. Interrumpir el embarazo implica desafiar un orden emocional donde el deseo de no maternar se asocia a falta, ego\u00edsmo o insensibilidad. La persona que aborta es retratada como figura moralmente cuestionable.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que llamamos punitivismo no es \u00fanicamente la respuesta estatal o judicial ante una conducta, sino una manera de pensar el mundo donde el castigo y la culpa funcionan como herramientas para ordenar comportamientos, disciplinar cuerpos y moldear el futuro. Se castiga, se anticipa el castigo o se teme el castigo, aun cuando nadie lo haya pronunciado claramente.<\/p>\n\n\n\n<p>Frente a esa maquinaria de culpa, miedo y silenciamiento, hay experiencias que abren otros caminos posibles.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Y entonces<\/strong><strong>: <\/strong><strong>si el castigo se aprende en el cuerpo, \u00bfc\u00f3mo lo desaprendemos colectivamente?<\/strong> Controlar el aborto no es s\u00f3lo controlar una pr\u00e1ctica, es administrar qui\u00e9n tiene derecho a futuros elegidos. Como toda tecnolog\u00eda de gobierno sobre los cuerpos (especialmente los feminizados, racializados, j\u00f3venes o empobrecidos) el punitivismo opera como filtro de legitimidad: \u00bfqui\u00e9n merece seguir estudiando?, \u00bfqui\u00e9n puede explorar su sexualidad sin castigo?, \u00bfqui\u00e9n puede maternar o no maternar sin ser se\u00f1alada?. En ese sentido, es parte de una pol\u00edtica de reproducci\u00f3n social y moral: decidir qui\u00e9n puede imaginar alternativas y qui\u00e9n debe aceptar su destino.<\/p>\n\n\n\n<p>Una respuesta posible aparece cuando Valentina encuentra, casi como quien encuentra aire, una red feminista que acompa\u00f1a abortos desde la escucha y no desde el prejuicio. All\u00ed descubre que su palabra no es pecado, su deseo no es delito y su decisi\u00f3n no es m\u00e1s ni menos que de ella. Que preguntar no la vuelve culpable, y que nombrar lo que siente no la expone: <strong>la libera.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Con esta red se da cuenta que donde antes s\u00f3lo hab\u00eda mandato, aparece conversaci\u00f3n; donde hab\u00eda miedo, aparece informaci\u00f3n; donde hab\u00eda incertidumbre, aparece calma; donde hab\u00eda soledad, aparece lo colectivo. En esas redes, los cuerpos dejan de ser problema y vuelven a ser casa.<\/p>\n\n\n\n<p>Valentina, cuando finalmente pudo decir en voz alta que quer\u00eda abortar, entendi\u00f3 que el problema nunca hab\u00eda sido su deseo, sino el silencio que la rodeaba. Y en ese gesto \u00edntimo (y pol\u00edtico) recuper\u00f3 algo que le hab\u00edan intentado quitar: el derecho a elegir sobre su propio cuerpo y su propia vida.<\/p>\n\n\n\n<p>La historia real que inspir\u00f3 la pel\u00edcula <em>Bel\u00e9n<\/em> tambi\u00e9n encontr\u00f3 sost\u00e9n en esos entramados feministas: no s\u00f3lo logr\u00f3 recuperar la libertad y su vida fuera del se\u00f1alamiento institucional, sino que su nombre se transform\u00f3 en s\u00edmbolo, consigna y semilla de lucha. La fuerza de esa movilizaci\u00f3n no radic\u00f3 \u00fanicamente en denunciar la injusticia, sino en construir otra forma de cuidado posible: sin culpa, sin castigo, sin obediencia obligada.<\/p>\n\n\n\n<p>Las redes feministas que acompa\u00f1an abortos hacen m\u00e1s que garantizar accesos a derechos, ensanchan mundos, ligan lazos a vidas mas vivibles y deseadas.&nbsp;En cada di\u00e1logo, se interrumpe una cadena hist\u00f3rica de silencios; en cada abrazo, se quiebra una pedagog\u00eda del miedo; en cada decisi\u00f3n acompa\u00f1ada, se desaf\u00eda la arquitectura del castigo.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso, acompa\u00f1ar es un acto profundamente pol\u00edtico. Porque <strong>devuelve poder a quienes quisieron disciplinar <\/strong>y construye posibilidad de decisi\u00f3n donde s\u00f3lo hab\u00eda culpa.<\/p>\n\n\n\n<p>En ese sentido, la ternura (tan desacreditada en los lenguajes del poder) se vuelve estrategia, \u00e9tica y trinchera. Una ternura que no es complaciente ni ingenua, sino insumisa y profundamente reparadora: capaz de cuidarnos sin tutelar, capaz de crear mientras desarma.<\/p>\n\n\n\n<p>Desarmar el punitivismo exige construir otras formas de aprender y vincularnos: una contra-pedagog\u00eda del cuidado y de los afectos, donde la palabra circule sin miedo, el error no sea delito, el deseo no sea prueba de m\u00e9rito y la duda no sea interpretada como falta. La ternura no reemplaza la justicia, la redefine desde la dignidad y no desde el castigo.<\/p>\n\n\n\n<p>En la pr\u00e1ctica de los acompa\u00f1amientos existe una \u00e9tica, la de transformar el miedo en decisi\u00f3n, la verg\u00fcenza en pregunta y el silencio en red. All\u00ed, donde el Estado, la familia o las instituciones dejan huecos, los feminismos tejen sost\u00e9n.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde ah\u00ed, el activismo se vuelve una pr\u00e1ctica de ternura radical: transformar la injusticia y los mandatos en organizaci\u00f3n y en lucha. Los acompa\u00f1amientos a abortar son pr\u00e1cticas de justicia.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>* Este texto se compuso por Red Compa\u00f1era<\/p>\n\n\n\n<p>* Biograf\u00edas:<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>Daniela Cardano<\/strong><\/em> &#8211; Argentina<\/p>\n\n\n\n<p>Periodista y comunicadora feminista. Desde 2018 forma parte de Socorro Rosa Tres Arroyos &#8211; Socorristas en Red (feministas y transfeministas que abortamos) acompa\u00f1ando abortos. Apuesta a transformar narrativas, abrir conversaci\u00f3n p\u00fablica y construir mirada cr\u00edtica desde la escritura, atravesada por una mirada feminista y comunitaria, donde los afectos, el cuerpo y la pol\u00edtica se entrelazan con la vida cotidiana.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>Noelia Aguilar Moriena<\/strong><\/em> &#8211; Argentina<\/p>\n\n\n\n<p>Comunicadora feminista y educadora popular. Acompa\u00f1ante de abortos e integrante de<\/p>\n\n\n\n<p>de la Colectiva Transfeminista Aguafiestas y de Socorristas en Red (feministas y transfeministas que abortamos).<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>Juliana Montoya<\/strong><\/em> &#8211; Argentina<\/p>\n\n\n\n<p>Acompa\u00f1ante de abortos e integrante de la colectiva feminista La Revuelta Gran Buenos Aires y Socorristas en Red (feministas y transfeministas que abortamos). Psic\u00f3loga y amante de la m\u00fasica.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>Luc\u00eda Genovese Arr\u00fae<\/strong><\/em> &#8211; Argentina<\/p>\n\n\n\n<p>Docente y activista feminista. Profesora de Psicolog\u00eda y Profesora de Educaci\u00f3n Especial. Apasionada de la fotograf\u00eda y la comunicaci\u00f3n, en pos de construir otros mundos posibles.<\/p>\n\n\n\n<p>Acompa\u00f1ante de abortos e integrante de Bah\u00eda Rosa y de Socorristas en Red (feministas y transfeministas que abortamos).<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>Nico Sessak<\/strong><\/em> (elle) &#8211; Brasil<\/p>\n\n\n\n<p>Activista por el derecho al aborto en Brasil. Trabajadore social y mestre en Psicolog\u00eda Social por la Universidade Federal do Esp\u00edrito Santo (UFES).<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Abortos en territorios de disciplinamientos Si la culpa fue pedagog\u00eda, la ternura ser\u00e1 revoluci\u00f3n. Hay escenas que no se olvidan. No porque sean excepcionales, sino porque se repiten en silencio: una adolescente que no se anima a decir que quiere interrumpir un embarazo. 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